“Pasiones Romanas” de Na Pa(sion)cita Janer

NOTA DEL EDITOR
Durante el transcurso de los actuales cursos de Escribe y Tacha, ha habido una seria discusión sobre la naturaleza de la poesía. Algunos de nuestros monaguillos eran reticentes a admitir que la poesía puede manifestarse indistintamente en verso, en prosa y en la llamada prosa poética; para demostrarlo hemos encargado al Dr. Abedardo Punzón un estudio de una obra en prosa que presente ingentes virtudes narrativas y que sea, en el fondo, pura y sublime poesía. La obra seleccionada que, a juicio nuestro y de Don Punzón, reúne dichas cualidades fue la novela Pasiones Romanas de Maria de la Pau Janer. La obra fue justamente galardonada con Premio Planeta 2005 dotado con 601.000 euros, que es una cantidad un poco escueta en comparación con la calidad del texto. El Dr. Punzón ha elaborado un estudio de una selección de frases célebres extraídas de la novela. Con ello va a quedar demostrado que la obra era merecedora de más dinero y que prosa y poesía son dos conceptos que, Maria de la Pau mediante, andan juntos y son uno. Queda, pues, inaugurada la sección de prosa de nuestro boletín literario.

UN PRODUCTO DE Y PARA LAS MUSAS

A cargo de Don Abedardo Punzón

Introducción

La tertuliana estática, locutora, profesora y escritora políglota Maria de la Pau Janer es conocida popularmente en su Mallorca natal como “Na Pacita”, lo cual es evidentemente una abreviación de un alias originario “Na Pasioncita”. Haciendo, pues, honor a la etimología de su nombre, Na Pasioncita decidió escribir una novela titulada Pasiones. En una entrevista confesó que quería titular el libro Pasiones Mediterráneas, pero que lo encontró demasiado erótico. Se dispuso entonces a escribir unas Pasiones Romanas. Cualquier lector, al leer el título, de inmediato piensa en la pasión de Jesucristo o en las Pasiones de los Mártires Cristianos Trucidados por los Crueles Romanos en los Anfiteatros de Roma, pero un examen rápido del contenido del libro da a entender que se trata más bien de pasiones sentimentaloides y romanticoides, que es el eje de toda la obra completa de Na Pasioncita. En todas sus obras, pero muy especialmente en Pasiones Romanas, Na Pasioncita trata temas más propios de las revistas Hola y Lecturas, pero, eso sí, elevados y convertidos en verdaderas obras de arte capaces dar una nueva profundidad a las vidas de los lectores gracias a su gran talento, a su gran creatividad literaria y a su ejemplar uso de los métodos de la retórica. A continuación, analizamos unos extractos de la novela Pasiones Romanas (Editorial Planeta: Barcelona, 2005), de modo que quede claro que Na Pasioncita es una verdadera poetisa (o si ustedes quieren “prositisa”) y una artista enorme, merecedora de por lo menos un Premio Planeta para cada una de sus novelas.

Na Pasioncita recibiendo el Premio Planeta. Junto a Jaime Bayly.

Selección de textos comentados

Aunque ha llegado al aeropuerto con tiempo suficiente, este hombre no subirá al avión. Nunca le han gustado las prisas. Prefiere tomarse la vida con calma. (p. 11)
He ahí el inicio de la novela; he ahí la primera gran lección sobre la vida de las muchas que se encuentran en la novela. Se trata de un gran consejo de como andar hacia los aeropuertos en los tiempos modernos, trepidantes y estresantes. Na Pasioncita deja claro que, para ir bien por la vida, hay que tomárselo con calma. ¿Pero como expresa Na Pasioncita esta lección tan valiosa? Bueno, pues, sirviéndose de la retórica, con la osada figura retórica que se conoce como “desconexión” o “apagado semántico”, que algunos autores relacionan con la “elisión psicológica”. Se trata de una figura de pensamiento que consiste en dos proposiciones, una de la cuales se encuentra subordinada a la otra, pero con una relación semántica nula o casi nula y que sirve para expresarse en situaciones de estrés. Por ejemplo, si yo digo “Aunque he llegado con tiempo suficiente, me falta tiempo”, estoy hablando en “desconexión” o “apagado semántico”. Y esto es lo que hace Na Pasioncita en el inicio de su novela, para dar a entender que el personaje está desconcertado y estresado (especialmente en un aeropuerto, pues en la página 13 se dice: Los aeropuertos agobian en cualquier época del año. Todo se convierte en una pátina de sudor, como si el aire acondicionado estuviera estropeado) y que por ello no tiene tiempo para subir al avión. Esto es en verdad utilizar la sintaxis y la semántica de las palabras y las frases con fines expresivos, cosa que la mayor parte de autores no sabe hacer.

La fotografía de la mujer que amó en la cartera de un desconocido ha transformado el mundo. (p. 55)
Se trata de un ejemplo magnífico de la figura retórica conocida como “ambigüedad sintáctica alegorística”. ¡Y de qué manera tan sublime la emplea Na Pasioncita! No se sabe quién y a quién se amó, ni donde. ¿La fotografía, la mujer, otra cosa, otra persona? Este embrollo es consecuencia del “totum revolutum” propio de la acción de “amar”. Además, Na Pasioncita introduce otra ambigüedad alegorística, que se manifiesta en la imposibilidad de saber si se “amó dentro de la cartera de un desconocido” o bien si es la “transformación del mundo” que la fotografía opera “desde la cartera”. En la vida personal de Na Pasionciata la cartera y el amor son una misma cosa, sobretodo la cartera de los billetes, y de ahí que Na Pasioncita emplee esta figura retórica tan poderosa.

(…) Querría vivir como ella, con los ojos medio cerrados, para que la luz de la calle no nos haga daño. (p. 64)
Se trata de una gran y bella ultrametáfora sobre lo mal que van el hormigón y el asfalto, muy reflejantes, para los ojos, y la ansiedad que esto puede causar en algunas personas, sobretodo si tienen un principio de cataratas. Es algo que dicen todos los oftalmólogos, aunque los traumatólogos advierten que, si andamos con los ojos medio cerrados, nos podemos pegar una buena leche.

Con mirada crítica, seleccionaba los tallos largos, medía la abertura de cada capullo. (p. 161)
Se trata de una frase con doble sentido, casi alegórica, que potencia la imaginación de los lectores, que es algo propio de la poesía. Lo de seleccionar tallos largos y medir los capullos es de un erotismo aplastante. No es de extrañar que se diga de la autora que siempre va con una cinta métrica en el bolso.

La palidez de la piel contrastaba con el rojo del sujetador, incapaz de retener los pechos. Saltaban aquel muro de contención hecho de falto satén. Un pezón rebelde apuntaba al cielo desde su refugio de encaje. Fue bajándose la falda mientras contoneaba la cintura. Con un pie la lanzó a unos metros de distancia. Las bragas le cubrían el pubis, pero no bastaban para ocultar sus nalgas (p. 181) (…) Tenia un pliegue en la barriga que le ocultaba el ombligo. Era un desbordamiento de carne, un desenfreno de pechos, de nalgas. (…) Dobló los brazos, mientras se desabrochaba el sujetador. Los pechos aparecieron con una rotundidad casi dolorosa. Se quitó las bragas, piernas abajo hasta los tobillos (…) Se acarició la piel. Se pellizcó el pezón rebelde. Se mordió los labios. Con una expresión de sorpresa el marido se preguntaba qué debía hacer él. (…) Pensó que a la mañana siguiente tenía que madrugar, que aquello no eran bromas de una esposa como es debido, que qué putada, a aquellas horas. María notaba el cuerpo a punto de estallar como una fruta madura. (p. 182)
Encontramos aquí una escena de alto contenido erótico, muy insinuante y grotesco a la vez. Si no fuera por el elevado estilo de la escribidora, se podría sospechar que es una sucia redomada. Pero no. Es sorprendente que la “streaper” se haya puesto un sujetador, que funciona de muro de contención, más pequeño de lo debido. Esto tiene un doble sentido latente que Na Pasioncita sólo deja entrever, y es que el sujetador fue adquirido en un tenderete de unas gitanas en el mercado de Mallorca. Na Pasioncita da a entender, pues, que con una lencería tan vulgar ni el hombre más calenturiento se puede excitar, aunque le pongan las carnes abundantes. Todo el mundo sabe que para calentar a sus amantes ricos Na Pasioncita siempre emplea lencería comprada en las tiendas más caras de Nueva York y Londres. Sabemos, además, que después de ganar el Premio Planeta con esta novela, Na Pasioncita se compró unos 7 o 8 conjuntos de ropa interior roja (más concretamente, rojo pasión). Además, en su caso, como es tan “bufoneta”, pues más bien le sobra sujetador que no le falta. Esta digresión viene a cuento para destacar que incluso lo que Na Pasioncita nunca haría personalmente y por lo cual hasta siente repulsión (lo de ponerse lencería barata unas tallas más pequeña de lo que toca), al escribir, ella es capaz de elevarlo a la categoría de poesía y otorgarle un alto valor ético: si quieres poner caliente a los hombres, hazlo con lencería cara y de tu talla. Algunos críticos sostienen que Na  Pasioncita escribió este fragmento para vivir algo que no ha vivido ni se atreve a vivir. En otras palabras para verse a sí misma asimétrica: con un pezón rebelde y otro sumiso, con sostenes de contención baratos, etc.

Ignacio estaba lejos, pero el olor traspasaba distancias. (p. 239)
He aquí un ejemplo del refinado arte de empleo de alusiones de Na Pasioncita. Si el objeto que desprende olor está muy lejos, no hay manera que se pueda olor, a no ser que se trate de un olor de putrefacción muy, pero que muy fuerte. Esto es lo que intenta decir Na Pasioncita, pero ¡con qué pudor y serenidad nos lo cuenta, con qué construcción tan bonita y tan figurativa! ¡“Traspasar distancias”! Con otras palabras: solidificando la distancia como algo que hay que traspasar, como si fuera un muro de contención. Y es el olor quien lo hace, ¿no es casi una personificación bellísima? Es una medio personificación y una medio solidificación.

Hay lágrimas que curan. (…) Se parecen a la lluvia, que limpia las fachada de las casas, que se lleva el barro, la suciedad. (p. 301)
Se trata de una imagen preciosa. La comparación de las “lágrimas que curan” con la lluvia que limpia las fachadas de las casas es muy valiosa, e implica que la lluvia caiga un poco inclinada (porque si no, cae al suelo sin limpiar las fachadas). Aunque Na Pasioncita no ha previsto que a veces la lluvia también trae barro consigo, no se le puede reprochar este pequeño detalle, puesto que ha conseguido una comparación digna de Homero.

Ve a una figura alta, gorda. Los músculos, que debieron de ser fuertes, recuerdan a un globo cuando se deshincha. La piel de los brazos le cuelga, vencida por la gravedad. Lo mismo ocurre con el rostro, lleno de flaccideces. (p. 405)
Nos encontramos aquí ante una maravillosa y hermosa prosopografía. Pocas veces se lee una descripción tan exhaustiva de un personaje, en la cual se utilicen de forma tan excelente los preceptos de la física de Newton. Las fuentes de esta descripción tienen que ser por fuerza las clases a las cuales Na Pasioncita asistió en su Mallorca natal cuando tenía 12 o 13 años, además de la poesía de Baudelaire, con su gusto por las cosas decadentes y feas. Si lo feo y lo asqueroso son poesía (y gran poesía) en Baudelaire o Rimbaud, ¿por qué no lo puede ser “chez” Na Pasioncita?

Na Pasioncita en la Gala del Planeta.

Conclusiones

El ínclito Juan Marsé, miembro integrante del jurado (también formaba parte del mismo nuestro querido Pere Gimferrer) que otorgó el cuantioso y merecido Premio Planeta a esta novela, dijo que “el nivel es bajo y en algunos tramos incluso subterráneo”, criticó “la decantación hacia lo sentimental” que hay en el texto y afirmó que se trata de una “novela sin estilo”. Nada más lejos de la realidad. Hay que admitir en Marsé una aproximación hacia la senilidad, pues hemos visto de sobras que la novela tiene mucho estilo, con un gran empleo de la retórica y sus figuras, y, aunque a veces sí sea un poco sentimental, el talento de Na Pasioncita convierte lo sentimental en sublime, alada y altísima poesía.

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1 comentari

Filed under En castellano, Prosa

One response to ““Pasiones Romanas” de Na Pa(sion)cita Janer

  1. Un sesudo análisis de lo que es sin duda una prosa de gran calidad. Coincido: es pura poesía, es sublime, alada y virginal(!); vamos, no quisiera quedarme corto en mis halagos: esto es literatura de un altísimo calibre, en ocasiones me ha recordado a Pynchon, Coetzee y Proust, con notables reminiscencias de Joyce, Dos Passos y Petrarca.
    Lástima, empero, que el crítico, el insigne Dr Punzón, se emperre en poner sus abrigos y sayos por doquier, sobre todo porque un mero énfasis sería suficiente. :)

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